España, secuestrada por sus políticos: ¿Dónde está la justicia?
Ya no es hartazgo. Es rabia. Es asco. Es una indignación crónica que late en cada español que aún conserva algo de memoria y decencia. Porque este país ha sido saqueado, no por una potencia extranjera ni por una catástrofe natural, sino por sus propios gobernantes. Por los que juraron servir al pueblo y se sirvieron de él. Por los que prometieron transparencia y construyeron muros de opacidad. Por los que hablaban de justicia mientras redactaban su coartada.
Pedro Sánchez prometió en 2016 un “gobierno abierto y transparente”. Hoy, esa promesa es una broma macabra: más de 1.200 infracciones a la Ley de Transparencia confirmadas en 2022. Y ahora, en 2025, el mismo Gobierno sigue ocultando información sobre más de 60 vuelos oficiales a República Dominicana con Falcon y Airbus, negando lo evidente y burlando los requerimientos del Congreso. ¿Cuánto más vamos a tolerar?
Pero no acaba ahí. Mientras Moncloa oscurece los cielos, el Tribunal Constitucional, pastoreado por Conde-Pumpido y Montalbán, dicta sentencias que absuelven a políticos corruptos, como si el delito institucional fuera un privilegio más del cargo. La sentencia de los ERE no solo deshonra la justicia, sino que abre la puerta a una “patente de corso” para que figuras como Montoro salgan indemnes, aunque su gestión haya sido un lodazal de favores a amigos, empresas y viejos despachos.
¿Hasta cuándo vamos a soportar esta mascarada? ¿Cuántas veces más deben reírse de nosotros en nuestra cara, volando a paraísos, saqueando presupuestos, blindándose legalmente entre ellos? La corrupción no es la excepción: es la norma. El sistema ha sido diseñado para protegerlos, para garantizarles impunidad, para convertir la política en el arte de robar sin consecuencias.
Y mientras tanto, el ciudadano de a pie paga la factura. Con subidas de impuestos, con sueldos congelados, con colas en urgencias, con pensiones miserables y alquileres imposibles. Somos el rebaño ordeñado hasta el agotamiento. Y ellos, los señores feudales del siglo XXI.
Es hora de decirlo claro: esto no se arregla con comisiones de investigación ni con promesas vacías. Esto exige justicia real. Cárcel para todos los corruptos. Embargos, inhabilitación perpetua, devolución íntegra del dinero robado. Y sobre todo, una ciudadanía que despierte, que no perdone, que no olvide.
Porque si seguimos tolerando esta infamia, seremos cómplices por omisión.
— Luz en la Red