Humphrey Bogart juró que le pondría su nombre a su siguiente hijo y, cuando el médico le anunció que sería una niña, él no cambió de opinión. Se llamaría Leslie, como Leslie Howard, el hombre que lo había llevado hasta el rodaje de El bosque petrificado, que puede verse en España gracias a Filmin.
Sin aquel papel, Bogart hoy no existiría, Casablanca la habría protagonizado, seguramente, Ronald Reagan y el cine no sería el cine. Así que, en 1953, vino al mundo Leslie Howard Bogart, casi diez años después de que el Leslie Howard al que todos conocían hubiese desaparecido para siempre.
A Leslie Howard, lo recordamos especialmente por Lo que el viento se llevó, en la que interpreta al hombre al que Escarlata ama. O, al menos, al que ama hasta que Clark Gable le confiesa que sus indecisiones le importan un bledo. Nominado a tres Oscar (uno de ellos, como director por Pygmalion, más tarde versionada en My Fair Lady), Leslie Howard fue mucho más que una persona de cine. Y eso nos lleva a un avión cayendo en picado frente a las costas de la España franquista. En su interior, viajaba el hombre con el que había soñado Escarlata O’Hara.
Una muerte y demasiadas preguntas
No hay muchas certezas y su cadáver nunca se recuperó. Se sabe, al menos, que el cuerpo de Leslie Howard fue sepultado por las aguas del Atlántico, a varios kilómetros de Cedeiro (Galicia) en 1943. Lo que el viento se llevó aún no se había estrenado en nuestro país.
Leslie Howard tenía una amante vasca, la actriz y cantante Conchita Montenegro, por lo que, desde el principio, se le atribuyó su presencia en la península. No obstante, escritores como José Rey Ximena han apuntado a una versión más compleja de la historia: Leslie Howard estaba en España para reunirse con Francisco Franco por orden de Winston Churchill.
Como muchos actores por entonces, Leslie Howard, bien relacionado e inteligente, colaboraba con los servicios secretos británicos. En otras palabras, era espía para el grupo de operaciones especiales, creado por Churchill para combatir al nazismo.
Antes de subir al Ibis, Howard se había carteado con Anthony Eden, secretario de Defensa británico y, a la postre, primer ministro del país. La relación epistolar demuestra que Howard viajaba a España para convencer a Franco de que se mantuviese neutral y no apoyase a Hitler. Sin embargo, Howard encubrió su reunión con el dictador español bajo la convincente capa de una conferencia: en el Instituto Británico de Madrid, debía pronunciar unas palabras sobre Shakespeare. Para engañar al mundo, parécete al mundo, que diría Lady Macbeth.
El avión de Howard nunca llegó a España, ya que fue derribado por el ejército nazi. Se desconoce si de forma intencionada, ya que sabían de las actividades de Howard más allá de la pantalla, o por un error de cálculo, debido a que se creía que en su interior viajaba el propio Winston Churchill.
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