Ser Luz en Tiempos de Sombras
Hace mucho tiempo, en un rincón del universo donde las estrellas brillan con más intensidad y los cielos guardan secretos eternos, hubo un acuerdo silencioso entre almas inmortales.
Ellas, sabias y amorosas, decidieron encarnar en un planeta llamado Tierra —un lugar de aprendizaje, crecimiento y transformación— para vivir una experiencia única: recordar quiénes eran, ayudar a otros a recordarlo y elevar juntos la vibración del mundo.
Pero este no era un viaje fácil. Era una misión de amor en tiempos de sombra.
En medio del caos aparente, de guerras, desigualdades y heridas profundas, estas almas recordaron algo que siempre supieron pero habían olvidado al nacer:
Todo está ordenado. Todo tiene sentido. Nada ocurre por azar.
Aunque a veces parece que el mundo se tambalea, hay un propósito detrás de cada acontecer. Porque esta Tierra no es la primera que atraviesa una noche oscura antes del amanecer. Y quienes estamos aquí, fuimos elegidos… o mejor dicho, nos elegimos.
Sabíamos que vendríamos en estos tiempos. Sabíamos que veríamos dolor. Pero también sabíamos que traeríamos luz.
Cada uno de nosotros es como una llama pequeña, latente, esperando ser avivada por el soplo del amor verdadero. Y aunque nos disfrazamos con cuerpos, nombres, roles y circunstancias, nuestra esencia es pura luz.
Algunos recuerdan haber perdido todo en otra vida: su hogar, sus bienes, incluso su identidad. Pero lo único que permaneció fue el amor. El amor por los demás. La compasión. La unidad.
Por eso hoy, aunque muchas veces nos sentimos solos, confundidos o asustados, no estamos solos. Hay millones de almas trabajando desde la sombra y desde la luz. Algunas visibles, otras invisibles. Ángeles, guías, maestros de otras dimensiones… todos están con nosotros, sosteniendo el puente hacia un nuevo mundo.
El cambio comienza dentro
No podemos pedir paz en el mundo si no la llevamos en nuestro corazón. No podemos exigir justicia si no practicamos la empatía. No podemos reclamar amor si no nos amamos primero a nosotros mismos.
El autoconocimiento es la herramienta más poderosa. Mirarse sin miedo. Sentirse sin juicio. Sanar sin prisa.
Cuando limpiamos nuestro interior, cuando transmutamos con amor lo que duele, lo que nos separa, lo que nos lastima, comenzamos a irradiar una energía nueva. Una energía que conecta. Que cura. Que transforma.
¿Y qué hacer frente al dolor del mundo?
¿Qué hacer cuando vemos injusticias, violencia, indiferencia?
- Mirar con amor.
- No como aprobación del daño, sino como comprensión de que todos somos hermanos de luz, incluso aquellos que aún no recuerdan quiénes son.
- La guerra, la división, el odio… todo esto no es más que una gran sombra que nos invita a mirar dentro. ¿Qué hay en mí que también necesita sanación? ¿Qué parte de mi ego me separa de los demás?
Porque no hay enemigos. Solo hay almas espejo. Y cada persona que cruza nuestra vida, sea un ángel o un demonio aparente, viene a enseñarnos algo.
Dicen los que saben que hasta el año 2030, la Tierra seguirá atravesando esta gran transición. Serán años de pruebas, de decisiones, de despertares. Pero también de esperanza.
Y en medio de todo esto, cada uno de nosotros tiene un papel: ser luz accionadora.
No hace falta ser famoso, ni tener un ejército, ni cambiar al mundo entero. Basta con encender tu propia llama.
Puedes meditar. Puedes rezar. Puedes bailar. Puedes escribir, cantar, cocinar, caminar… mientras lo hagas desde el amor, estás contribuyendo al cambio.
Porque cuando muchas llamas se reúnen, no solo se suman. Se multiplican. Se expanden. Iluminan continentes enteros.
Irena Sendler. Oskar Schindler. Madres que salvan hijos. Guerreros de la paz anónimos. Cada uno de ellos fue un faro en la oscuridad. Y tú también puedes serlo.
Tu sonrisa puede salvar un día. Tu palabra puede reconstruir una vida. Tu presencia puede ser el milagro que alguien necesitaba.
Este es tu momento
Así que no te quedes quieto. No ignores lo que ves. Ni lo que sientes. Ni lo que puedes dar.
Haz lo que puedas. Hazlo desde el corazón. Porque este es el momento. Este es tu momento.
Y algún día, cuando cierres los ojos a esta vida, no importará cuánto dinero ganaste, cuántos títulos obtuviste o cuántos seguidores tuviste.
Lo único que importará es cuánto amor diste. Cuánta luz sembraste. Cuántas almas ayudaste a recordar quiénes eran.
Porque entonces, al otro lado, te recibirán con brazos abiertos. Con amor infinito. Sin juicio. Porque ya no serás solo un alma en la Tierra. Serás un alma que cumplió su promesa.
LuzRedASM